Investigaciones

Memoria del II Encuentro de Investigadores  en Agricultura Orgánica 2002 

 Perspectivas y avances en prácticas preventivas para el manejo del barrenador de las Meliáceas (Hypsipyla grandella)

Luko Hilje, Unidad de Fitoprotección, CATIE. Turrialba, Costa Rica. (lhilje@catie.ac.cr)  

El gusano barrenador de las meliáceas, Hypsipyla grandella (Lepidoptera: Pyralidae), es posiblemente la principal plaga forestal en América Latina y el Caribe. Ello obedece a su bajo umbral de tolerancia (con apenas una larva en el brote principal de un árbol el daño resulta severo); a su especificidad sobre la familia Meliaceae, que incluye árboles de maderas preciosas, como las caobas (Swietenia spp.) y los cedros (Cedrela spp.); y a su muy amplia distribución geográfica, que comprende desde Florida (EE.UU.) hasta Argentina, incluyendo las islas del Caribe.  

La alta incidencia y gran severidad comúnmente observadas en el campo, han imposibilitado el establecimiento de plantaciones con dichas especies, a pesar de amplios y ricos esfuerzos de investigación para buscar métodos para su combate. Estos han incluido al mejoramiento genético, las prácticas silviculturales, el control biológico y el combate químico. Aunque la falta de métodos realmente eficaces y de bajo costo ha causado gran frustración entre los productores y los técnicos forestales, se debe reconocer que hoy existen algunas opciones innovadoras, que podrían hacer factible un manejo sostenible (en términos económicos y ambientales), de dicha plaga.  

Por tanto, en esta ponencia se discuten las perspectivas para el desarrollo de un enfoque preventivo, en el contexto del manejo integrado de plagas (MIP), basadas en un marco conceptual previamente planteado por el autor. Asimismo, se reseñan los avances logrados por el autor y su grupo de colaboradores en años recientes, tal y como se enumera a continuación: 

1. Debe reconocerse que la primera línea de defensa contra esta plaga consiste en el empleo de métodos basados en las defensas intrínsecas de los árboles individuales. Al respecto, varios investigadores del CATIE han documentado que hay varias procedencias de cedro y caoba que responden al ataque de H. grandella con apenas uno o unos pocos rebrotes, recuperándose rápidamente de éste. Por tanto, actualmente ellos realizan esfuerzos para seleccionar estos materiales genéticos promisorios y reproducirlos clonalmente, mediante técnicas de cultivo de tejidos, que permitan su producción y distribución masiva. 

2. En el campo, es necesaria la creación de un silvosistema robusto, mediante la combinación de varias prácticas silviculturales, como la calidad del sitio de siembra; el aporte de sombra lateral; y la diversificación con plantas silvestres.

Sobre las dos primeras prácticas en la literatura abundan ejemplos de experiencias valiosas, aunque un poco fragmentarias. Puesto que se sabe que la presencia de sombra lateral promueve un rápido crecimiento vertical (lo que permitiría superar rápidamente el período crítico), actualmente el autor y su grupo investigan si las plantaciones mixtas, incorporando hileras de árboles de especies aromáticas (repelentes) entre las de caobas o cedros, aportarían un efecto adicional a la sombra; dichas especies incluyen al nim (Azadirachta indica) y la caoba africana (Khaya ivorensis).

La tercera práctica, que es la diversificación de las plantaciones con plantas silvestres, tiene como objetivo que éstas aporten refugio y alimento (néctar), para que las hembras de los parasitoides aumenten su fecundidad y longevidad, y así se incremente el control biológico de la plaga. Aunque la siembra de caoba o cedro en tacotales podría permitir que las malezas ahí presentes cumplan esta función, es preferible seleccionar plantas específicas, con base en sus afinidades con ciertas familias de parasitoides, documentadas para otros cultivos. Por ejemplo, actualmente se investiga si especies como Melanthera aspera (Asteraceae), Urena lobata (Malvaceae) y Cassia tora (Fabaceae) podrían favorecer a varias especies de parasitoides, con énfasis en los que atacan huevos (Trichogrammatidae) y a otros que lo hacen sobre larvas (Braconidae) de H. grandella. De resultar cierto esto, se propondría incorporar dichas plantas en las plantaciones, ya sea en hileras o en reductos (“parches”). 

3. Adicionalmente, es preciso diseñar un sistema de predicción del riesgo, para aplicar medidas supresivas antes de que se presenten los picos poblacionales. Esto se podría lograr mediante el método grados-día (cantidad de temperatura acumulada, necesaria para que la población del insecto exprese ciertos fenómenos, a partir de una fecha predefinida). Se ha determinado que en Turrialba, a intervalos de 1881 grados-día hay un pico poblacional de H. grandella. Actualmente se trabaja en la síntesis de la feromona sexual de la hembra, lo cual eventualmente permitiría utilizarla en trampas de feromonas y facilitar la detección de estos picos. 

4. Una opción importante es abatir la población de la plaga precozmente, desde el establecimiento mismo de la plantación, mediante la captura intensiva de machos con trampas de feromonas. Esto permitiría abortar el foco inicial de la plaga, que normalmente está constituido por pocos individuos adultos, evitando que la plaga se establezca y propague. En realidad, H. grandella es una plaga que normalmente presenta bajas densidades, tanto en la naturaleza como en las plantaciones forestales. La alta incidencia y severidad comúnmente observadas obedece más bien a su bajísimo umbral de daño (apenas una larva por brote principal) y a que la hembra normalmente deposita sus huevos en grupos de 1-3 por árbol, por lo que bastan pocas hembras para infestar toda una plantación.  

5. Finalmente, si las opciones anteriores no fueran totalmente eficaces, cabría la posibilidad de concentrar las medidas de manejo durante el período crítico (cuando el impacto del ataque es más perjudicial económicamente), lo cual por lo general corresponde a los primeros tres años de una plantación, hasta que los árboles alcancen unos 6 m de altura. Dichas medidas podrían ser preventivas sensu stricto, como las sustancias repelentes o disuasivas, o curativas, como las podas. En otros casos, podría considerarse la utilización de bioinsecticidas. 

En el primer caso, las sustancias repelentes evitarían que las hembras se acerquen a los árboles, o las disuadan de ovipositar; o, también, que disuadan la alimentación o el desarrollo de las larvas. Aún no se cuenta con sustancias repelentes de H. grandella, pero algunas sí disuaden a las larvas, como sucede con los extractos alcohólicos de hombre grande (Quassia amara, Simaroubaceae) y de  ruda (Ruta chalepensis, Rutaceae). Cuando éstas se aplican sobre los brotes de la caoba y cedro evitan que las larvas se alimenten de éstos y mueren por inanición. Sin embargo, sería deseable aplicar estos materiales al suelo en el momento de trasplantar los arbolitos, para lo cual habría que formularlos como productos de liberación controlada, para así aumentar su duración y efecto; el autor y su grupo han demostrado la capacidad de estos productos para desplazarse de manera sistémica dentro de los árboles. 

En relación con las podas, varios investigadores del CATIE han demostrado su funcionalidad, pero se sigue evaluando su viabilidad económica. Se pueden efectuar podas sanitarias en árboles con ataques recientes, para eliminar mecánicamente la infestación y dejar un corte impecable, que cicatrice fácilmente y permita la brotadura rápida. Además, puede haber podas de formación, las cuales se aplican a árboles con daño más viejo, con bifurcaciones, para seleccionar el mejor brote. 

Finalmente, en cuanto a bioinsecticidas, el autor y su grupo han demostrado que los extractos de la semilla del árbol de nim (Azadirachta indica, Meliaceae) matan a la larva de H. grandella, actuando por toxicidad o como regulador de crecimiento. Aunque, en teoría, tienen varios de los inconvenientes del uso de insecticidas convencionales para el combate de H. grandella, por ser ambientalmente benignos y, si se utilizan para suprimir picos poblacionales, podrían representar una valiosa herramienta. 

En síntesis, estos avances, aunque preliminares, son promisorios. No obstante, debiera persuadirse a las instituciones relacionadas con los campos forestal y agroforestal, así como a organismos donantes, para asignar recursos humanos y financieros a la profundización de las opciones aquí descritas y de otras que se podrían proponer. Tal profundización quizás debiera enfocarse hacia la integración de estas opciones y a su validación, para determinar su factibilidad operativa y económica, bajo condiciones comerciales, en el campo.


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